martes, marzo 13, 2007

EL COLOR GRIS

El color gris de Dublín me ha llenado la piel de nuevos escalofríos... Es difícil sentirse en casa en una ciudad oscura, fría y húmeda, en dónde no escuchas nunca "Hola, buenos días" pero con el paso de los días esta ciudad se ha colado dentro de mí.
Ahora de vuelta en Madrid pienso en cómo la vida continua a cientos de kilómetros, sin mi y sin que yo haya dejado huella. Esta ciudad ha marcado un antes y un después en mi camino, sus días nublados, sus inesperadas tormentas, sus gentes amables, acogedoras, sus adoquines, sus pubs, su música, mi ansiedad... Sinead O'Connor... un mar en calma perdido a las afueras de Dublín. Sus ojos, llenos de amor y ternura, su timidez, su fragilidad y su dureza al mismo tiempo, es complicado describir cómo los que me cruzo en mi camino influyen en mi vida sin que a ellos mi viento los despeine si quiera.

2 comentarios:

tomate dijo...

Creo que subestimas tu importancia en el mundo... Estoy seguro que tu sonrisa le arregló el día a aquel camarero cansado. Aquellos niños no olvidarán facilmente ese sol de Marzo que les vino encima un día nublado. Los peatones, los dependientes, con los que cruzamos una simple mirada. Son tantos detalles que tú no puedes apreciar porque vives dentro de ellos día a día, pero que los demás notamos como un rayo de sol reconfortante en el hombro.

Caminante (El chico que camina) dijo...

Tomate tiene razón. Nunca sabes lo que puedes haber influido en los demás.

Hay mucha gente que nunca sabrá que la recordaré toda la vida, y la importancia que un pequeño gesto de un día pudo tener en mi vida.

Lo mismo puede pasarnos a todos.